lunes, 6 de junio de 2011

Historias de Policías

Parecía ser una noche más de servicio. En casa, me despedí de Ruth, mi mujer, y de mi pequeñita, Andrea. Tras varias horas de patrulla en una tranquila noche de verano, estacionamos nuestro vehículo en una de las incorporaciones a la autovía, en las inmediaciones de Burgos.

Son sobre las cuatro de la mañana, cuando en la lejanía un resplandor azul, sin sonido, llama nuestra atención.

En la radio del coche patrulla suenan órdenes confusas. No entiendo nada ¿qué está pasando?. Suena el teléfono móvil de mi compañero, que exclama: “ ¡es el cuartel, lo han volado!. “¡ Dios mío, el cuartel! me digo.

Yo estoy al volante, conduzco tan apresuradamente que mi compañero me llama a la calma; “tranquilo, a ver si vamos a tener un accidente”. En mi mente sólo una cosa, la imagen de Ruth y de Andrea cuando me despedí de ellas al principio de la noche.

Cuando llego al cuartel todo está tomado por los servicios de emergencia. Bomberos, policía, ambulancias ¡ Dios mío, ambulancias! Dejo el coche oficial en la entrada del cuartel, desoyendo las advertencias de mis compañeros, y dirijo la mirada hacia las ventanas de mi casa. Lo primero que pregunto es: “¿dónde están mi mujer y mi hija?”.No obtengo respuesta alguna, sólo hombros que se encogen.

Comienzo a gritar “Ruth, Ruth!!”. Hay mucha confusión, gente por todas partes. Alguien me dice que Ruth y la niña están bien, las han visto y están al otro lado de la calle. Recorro la calle y nada, no las veo ¿Me habrán mentido?.

Sí, eso es, me han visto tan nervioso que me han mentido. Casi inmediatamente suena mi teléfono móvil. Es mi cuñada: “Julio no te preocupes, están bien”. Subo la calle y las encuentro a las dos, ¡están vivas!¡gracias Señor!.

Poco a poco van llegando las noticias. No hay muertos, sólo heridos leves. Dios hizo un milagro. La noche del 29 de julio de 2009 una furgoneta bomba estalló a pocos metros de las viviendas del cuartel de la Guardia Civil de Burgos.

Dios no solamente no permitió que ni mi mujer ni mi hija tuvieran un solo rasguño, sino que no permitió que viéramos dolor en ninguno de mis compañeros y sus familias.

Si esa noche hubiéramos tenido ojos, como los que el profeta Eliseo pedía para su siervo, cuando se vieron rodeados por los ejércitos sirios, hubiéramos visto a Ángeles acampando alrededor del cuartel. Bendito sea el Señor que nos protege y nos ama con tan grande amor!!. . (2Reyes 6:13-17).


Por respeto a la intimidad se han omitido los nombres reales de las personas protagonistas de este testimonio .

IMAGENES DEVASTADORAS DESPUES DEL ATROZ ATENTADO